Cómo mira un inversor por dividendos con más de 30 años de experiencia una inmobiliaria, un aeropuerto o una empresa de kétchup
Hay frases que alguien te suelta sin darle importancia y que luego te rebotan en la cabeza durante años. En Educa tu Dinero las llamamos «frases pelota». Una de las que más ha rebotado este último año la dijo Gregorio Hernández, uno de los divulgadores de inversión por dividendos más leídos de España: tu manera de invertir determina tu manera de vivir.
La idea es sencilla. Si inviertes buscando el pelotazo, vivirás con mucha adrenalina y seguramente con alguna noche en vela. Si inviertes con criterio y a largo plazo, vivirás más tranquilo. Gregorio la tiene hoy como lema en su canal de YouTube, resumida en tres palabras: vives como inviertes.
Con esa frase de fondo, Gregorio volvió al podcast en un episodio doble (91 y 92) para hacer algo muy práctico: analizar empresas reales y responder dudas habituales. Lo grabamos en julio de 2026, así que las cifras son de ese momento. Lo que interesa es el razonamiento que hay debajo, que dura bastante más que una cotización. Y como siempre: nada de esto es una recomendación de inversión.
Lo primero: entender qué hace la empresa
Si es la primera vez que oyes hablar de la estrategia, un repaso rápido: invertir por dividendos consiste en comprar empresas que reparten a sus accionistas una parte de su beneficio. Además de fijarte en si la acción sube o baja, vas cobrando un dinero que llega directamente a tu bolsillo. (Si quieres la base, está en el episodio 71)
Para Gregorio, antes de mirar un solo número hay que entender el negocio. El ejemplo fue Inmobiliaria Colonial, que compra edificios ya construidos, los alquila y reparte esas rentas como dividendo. Tiene oficinas sobre todo en París, y también en Madrid y Barcelona.
Aquí aparece una idea que suena contraintuitiva: cuanto mejor es un edificio y mejor situado está, menos rentabilidad por alquiler da. Una torre en pleno centro rinde menos que una oficina en las afueras. A cambio, es más segura (siempre habrá quien la quiera alquilar) y se revaloriza más. Por eso Colonial está vendiendo algunos de sus edificios menos buenos de París para comprar en Alemania y subir su rentabilidad.
Cuando parece el fin del mundo (y luego no lo es)
En los últimos diez años, la acción de Colonial pasó de 6 a 12 euros, volvió a 6 con la pandemia y lleva unos tres años entre 5 y 6. El motivo: el miedo a que el teletrabajo vaciara las oficinas.
Gregorio cree que esa caída no tenía sentido. Primero, porque los ingresos por alquiler apenas se movieron: en 2020 bajaron de unos 350 a unos 314 millones, y hoy están casi un 20% por encima de 2018. «Para lo que pasó, cayó muy poco», resume. Segundo, porque incluso en el peor escenario, unos edificios en las mejores zonas de París o Madrid se convertirían en viviendas, hoteles o centros comerciales. Lo peor que podía pasar tampoco era tan grave.
Del análisis de Colonial salieron tres conceptos que sirven para cualquier inmobiliaria:
- El beneficio recurrente son los alquileres menos los gastos de gestión, y de ahí sale el dividendo: en 2025 fue de unos 33,6 céntimos por acción, con un dividendo de 32. El beneficio neto total también recoge cuánto suben o bajan de valor los edificios, que cuenta para tu patrimonio, pero no paga dividendos.
- La deuda bien usada crea riqueza. Si una empresa pide prestado al 3% e invierte al 10%, está ganando dinero. Gregorio busca una deuda de alrededor del 40% del valor de los activos; lo importante es que esté controlada.
- El valor neto de los activos (NAV) es lo que valen los edificios menos la deuda. Gregorio lo explicó con dos pisos de 100.000 euros: si uno tiene una hipoteca de 90.000 y el otro ninguna, no pueden valer lo mismo. Colonial cotizaba con un descuento del 40-45% sobre ese valor, cuando lo habitual es un 10-20%.
Con un dividendo de 32 céntimos y la acción a unos 5,5 euros, la rentabilidad rondaba el 6%. Por la calidad del negocio, Gregorio cree que debería estar más cerca del 4%: el miedo permitía comprarla más barata de lo que tocaba. Y lo comparó con Klépierre, dueña de centros comerciales, que sufrió el mismo pánico («ya nadie comprará en una tienda») y ya se ha recuperado. Su conclusión: más importante que entender por qué pasan estas cosas es ver que pasan y aprovecharlas.
¿Cuántos «fines del mundo» ha vivido Gregorio en bolsa? Muchos: las crisis del petróleo de los 70, el crac del 87, la burbuja de internet. Antes llegaban cada varios años y el miedo era real. Hoy, con las redes sociales, se anuncian casi cada semana porque llaman la atención. Por eso se recuperan tan rápido: muchos ni siquiera eran serios.
¿Aeropuertos o aerolíneas?
En el segundo episodio, Gregorio planteó un caso curioso: AENA, que gestiona los aeropuertos españoles y tiene concesiones fuera, como en Brasil, frente a IAG, la aerolínea que nace de la fusión de British Airways e Iberia. Usamos las dos cada vez que volamos, y aun así una es un negocio muy estable y la otra, muy inestable.
La razón: todos los pasajeros pasan por el aeropuerto, pero cada uno elige aerolínea. Eso obliga a las aerolíneas a competir en precio, con márgenes pequeños, y además dependen de dos costes muy variables: el petróleo y los pilotos. Para valorar AENA te preguntas si el año que viene ganará un 5% o un 10% más; con IAG, si ganará un 50% más o un 50% menos.
Para el largo plazo y los dividendos, Gregorio prefiere los aeropuertos. Las aerolíneas pueden encajar en una estrategia de medio plazo porque tienen más recorrido: IAG se ha multiplicado por cinco varias veces. El problema es que también se ha dividido por cinco. Las empresas estables son más «hormiguita»: avanzan sin sobresaltos y, a largo plazo, su cotización sigue a los beneficios.
Un detalle útil: los gráficos habituales de cotización no incluyen los dividendos. Gregorio usa Visual Chart (ahora de pago) y ProRealTime (gratuito) para verlos con dividendos.
Los sectores también evolucionan. Las constructoras eran muy cíclicas en los 70 y 80; aprovecharon los años buenos para comprar negocios estables como autopistas, aeropuertos, medio ambiente o energía, y hoy la mayor parte de su beneficio viene de ahí. Algo parecido le pasa a Amazon, que gana más con sus servicios en la nube que con los paquetes.
UPS y Kraft Heinz: dos tesis puestas a prueba
Hablamos de dos empresas muy comentadas entre inversores por dividendos, cada una con una gran duda encima.
UPS, gigante de la paquetería, está perdiendo los envíos de Amazon, que además ha lanzado su propio servicio. ¿Seguirá existiendo en diez años? Gregorio recuerda que los paquetes de Amazon eran la parte que menos margen le dejaba, así que UPS pierde ingresos, pero no tantos beneficios. Mueve muchas otras mercancías entre empresas y tiene unas barreras de entrada enormes, con una flota de aviones por todo el mundo. Y advierte de que las empresas que intentan hacerlo todo se vuelven ineficientes, como le pasó a General Electric. Ahora UPS está pagando los costes de adaptarse (cierres, despidos), cotizaba al nivel de 2015 y daba un dividendo de un 6-7%. Es el espejo de Colonial: allí el miedo era que nadie volvería a la oficina; aquí, el exceso de euforia de pensar que todo se compraría por internet, y la resaca posterior.
Kraft Heinz (Philadelphia, Oscar Mayer, las salsas Heinz) ha pasado de unos 75 a 24 dólares en diez años. Parte de la caída se explica porque antes estaba cara: cotizaba con un PER de 30 y una rentabilidad por dividendo del 2%. Luego la fusión de Kraft con Heinz salió mal, con más costes de los previstos y sin las mejoras esperadas. Hoy cotiza a un PER ajustado de 10 y paga cerca de un 7%. Gregorio la ve castigada en exceso.
¿Y si dentro de diez años comemos menos ketchup? Según Gregorio, las grandes alimentarias se adaptan. McDonald’s acabó vendiendo ensaladas, el aceite de oliva y el pescado azul pasaron de demonizados a recomendados, y estas empresas compran las marcas saludables que funcionan. La tecnología cambia mucho más rápido (ahí está Nokia), y por eso conviene invertir en ella con mucho más cuidado.
La lección de fondo: nadie sabe qué pasará exactamente con una empresa, pero en los momentos malos solemos exagerar lo malo, igual que en los buenos inflamos lo bueno. Eso último tiene nombre: burbujas.
Seis dudas prácticas del inversor por dividendos
- ¿Qué hago con los dividendos pequeños? Júntalos con el resto de los dividendos y con tu ahorro mensual, y compra la empresa que mejor esté en ese momento, aunque no sea la que te los ha pagado.
- ¿Cómo hago el seguimiento? Basta con revisar una vez al año, cuando la empresa publica resultados, si mantiene, sube o baja el dividendo. Rastrear en qué se ha convertido cada euro sería volverse loco.
- ¿Rentabilidad actual o crecimiento? Van de la mano: cuanto más crecimiento esperas, menos rentabilidad inicial puedes aceptar. En la práctica, las empresas de calidad con rentabilidad alta suelen crecer más de lo que parece. Endesa llegó a pagar un 11-12% y hoy da un 4% porque su cotización se ha disparado. La palabra clave es calidad: un 10% puntual de una empresa inestable puede ser una trampa, y por eso Gregorio desaconseja elegir empresas a golpe de filtro en una web.
- ¿Cuánto pago a Hacienda? Te retienen un 19%. Si cobras hasta 6.000 euros en dividendos, ahí se queda. Entre 6.000 y 50.000, el 21%; a partir de ahí, el 23%, y el tramo más alto llega al 30% por encima de 300.000.
- ¿Y los dividendos extranjeros? Estados Unidos retiene un 15% y España, el 19% de lo que queda. Esa doble retención se recupera en la renta, en la casilla 588, poniendo el total de toda la cartera. Francia y Alemania retienen más y recuperar el exceso no es fácil, aunque la directiva europea FASTER debería simplificarlo.
- ¿Hasta cuándo reinvierto? Hasta llegar a la meta de vivir de los dividendos. Al principio toca hacer la base grande y dejar trabajar al interés compuesto.
Conclusión: invertir impregna tu vida
De los dos episodios queda, sobre todo, una forma de mirar. Entender qué hace una empresa antes de abrir su gráfico. Distinguir un susto de un problema real. Preferir los negocios que avanzan como una hormiguita a los que van a saltos. Y tener paciencia para seguir cobrando dividendos mientras el mercado se calma.
Gregorio cerró volviendo a su frase. Mucha gente trata la inversión como un accesorio, algo que va por un lado mientras la vida va por otro. Para él, la forma de invertir se cuela en todo: en el ritmo, en el sueño, en la tranquilidad. Así que vale la pena hacerse la pregunta: ¿cómo inviertes tú, y cómo te está haciendo vivir?








